Un homenaje necesario

Un homenaje necesario
Teobaldo Peña.

" Don Teo nunca dejó de creer que era posible construir una sociedad más justa, más humana, donde la dignidad de las personas estuviera por encima del privilegio, donde los derechos no fueran concesiones y donde nadie tuviera que sufrir persecución por pensar, organizarse o luchar por sus ideales. Su verdadera victoria fue haber conservado hasta el final aquello que nadie pudo quitarle: sus principios, su compromiso y su capacidad de seguir creyendo y construyendo el Chile que queremos, esa patria justa y solidaria en que a nadie le falte el pan en su mesa. Hoy, cuando lo recordamos no podemos dejar de señalar que la lucha de don Teo no termina con su partida física. Sigue firme y decidida en sus compañeras y compañeros del partido, en su familia y en los hombres y mujeres que seguirán luchando por una sociedad más justa. Mientras alguien levante la voz frente a la injusticia, mientras un trabajador reclame dignidad, mientras un joven se organice para construir un futuro distinto, una parte de su lucha seguirá estando presente", expone el concejal linarense, Lenin Fuentes Barros


Por Lenin Fuentes Barros (trabajador social y concejal por la Municipalidad de Linares)

    Han pasado treinta días de la partida física de Teobaldo Peña Escudero, Don Teo. Así fue, eligió como día de su partida el propio 11 de septiembre, fecha que marcó su vida y la de miles de chilenos a sangre y fuego.

Como tantas veces, me puso en la encrucijada y me obligó a tomar decisiones. A las 9:30 de la mañana, recibí la llamada de Alex, su hijo, que me informaba la partida de su padre. La primera reacción fue salir corriendo hacia donde él estaba. Un segundo de pausa me pone ante la figura señera de Teobaldo Peña que me indicaba seguir con las actividades conmemorativas de este 11 de septiembre. Nuestro último encuentro se postergaría para más tarde.

Fue un día difícil, cargado de emotividad por la simbología de la fecha y por la partida de este “imprescindible” en las luchas populares.

La partida de don Teo nos duele y nos seguirá doliendo un largo trecho, pero, también nos obliga a mirar su vida con respeto, con orgullo y con memoria.

Porque hay vidas que no pueden medirse solamente por los años vividos. Hay vidas que se miden por las convicciones defendidas, por las luchas emprendidas, por la solidaridad entregada y por la capacidad de mantenerse de pie cuando todo parecía estar en contra.

Dirigente estudiantil, dirigente sindical, dirigente social y político. También padre, esposo, abuelo y amigo.

Alguna vez le pregunté por qué había ingresado a las Juventudes Comunistas. Me respondió que le dolía las condiciones en las que vivía la gente del campo en ese tiempo, sumidas en la miseria, el abandono y el arbitrio de los hacendados. Vio en el Partido Comunista de Chile el instrumento para combatir la pobreza y la injusticia.

En este camino, lo encontró el golpe de estado civil y militar de 1973. Era director de INDAP para las provincias de Linares y Cauquenes en esa fecha.

Como consecuencias de su trabajo y su militancia es detenido y torturado.

Estuvo prisionero en la Escuela de Artillería de Linares y en los campos de concentración Chacabuco, Ritoque y Tres Alamos. Posteriormente, es expulsado del país hacia Panamá donde permanece 17 años; hasta que le levantan la prohibición de regresar a su patria.

Esta es parte de la vida de este luchador indispensable. Vivió uno de los períodos más oscuros de nuestra historia y tuvo la capacidad para levantarse y seguir caminando. Fue perseguido por pensar distinto, fue detenido, torturado y obligado a abandonar su patria, sin embargo, quienes quisieron silenciarlo no lo consiguieron.

Quienes pretendieron que el miedo reemplazara sus ideas tampoco lo consiguieron.

Y quienes pensaron que el exilio significaría el abandono de sus principios, se equivocaron.

Porque nunca dejó de luchar.

Nunca dejó de creer que era posible construir una sociedad más justa, más humana, donde la dignidad de las personas estuviera por encima del privilegio, donde los derechos no fueran concesiones y donde nadie tuviera que sufrir persecución por pensar, organizarse o luchar por sus ideales.

Su verdadera victoria fue haber conservado hasta el final aquello que nadie pudo quitarle: sus principios, su compromiso y su capacidad de seguir creyendo y construyendo el Chile que queremos, esa patria justa y solidaria en que a nadie le falte el pan en su mesa.

Hoy, cuando lo recordamos no podemos dejar de señalar que la lucha de don Teo no termina con su partida física. Sigue firme y decidida en sus compañeras y compañeros del partido, en su familia y en los hombres y mujeres que seguirán luchando por una sociedad más justa. Mientras alguien levante la voz frente a la injusticia, mientras un trabajador reclame dignidad, mientras un joven se organice para construir un futuro distinto, una parte de su lucha seguirá estando presente.

Querido maestro, te vas, dejando una historia difícil, dolorosa, pero también profundamente digna.

Te vas con la tranquilidad de quien nunca abandonó sus convicciones.

Te vas sabiendo que intentaron doblegarte y no pudieron.

Que intentaron silenciarte y no pudieron.

Que intentaron hacerte renunciar a tus ideas y tampoco pudieron.

Porque hasta el último tramo de tu vida permaneciste fiel a aquello en lo que creíste.

Hasta siempre Don Teo.