Acusan supuesta negligencia médica en el deceso de Armando Díaz Castillo
Paciente, originario de San Javier, dejó de existir en el Hospital Regional de Talca. Su hijo, Javier Díaz, detalló lo sucedido con su padre de 64 años de edad. Analizan la presentación de querellas en los tribunales
Autor: septimapaginanoticias.cl
A través de una carta pública dirigida al Diario Digital Séptima Página Noticias, Javier Díaz, detalló lo sucedido con su padre, que tras una serie de intervenciones dejó de existir en el Hospital Regional de Talca.
Armando Díaz Castillo, tenía 64 años de edad, estaba casado, tres hijos y cuatro nietos. Su domicilio era la población Nueva Esperanza de la comuna de San Javier.
“El día 17 de julio del 2026 a las 05:00 AM trasladé a mi padre a urgencias de San Javier, por dolor intenso que sintió minutos antes. Una vez estando ahí fue atendido por el médico de turno, el cual le realiza examen de sangre y electrocardiograma los cuales indicaron alteraciones cardiacas, cuya interpretación eran pre-infartos. A las horas después fue hospitalizado, al día siguiente mi padre padece nuevamente un pre-infarto, señalándonos que por la gravedad sería trasladado al Hospital Regional de Talca, cuyo motivo era la ausencia de un cardiólogo”, indica en la misiva.
Javier Díaz, agrega que “el día 18 estando hospitalizado en el HRT la cardióloga de turno, me indica que mi padre tenía obstruida la arteria principal del corazón cuyo diagnóstico se basaba de un ecocardiograma que según se le había realizado. Fue entonces que me dice que le realizarían un procedimiento llamado cateterismo cardiaco (cabe señalar que ese procedimiento no es efectivo para destapar una arteria tan compleja). Este procedimiento fue realizado por la muñeca del brazo derecho de mi padre. Dicha me menciona que dicho procedimiento sería la solución al problema que mi papá padecía. Una vez realizado dicho, mi padre estable es regresado a la sección coronaria. Fue entonces que mi padre me dice no pudieron destapar la arteria. Me dirijo al cardiólogo de turno para pedir explicaciones, entonces él me dice que había sido un fracaso el cateterismo y que se esperaría la operación cardiaca”, acotó.
En la carta, sigue relatando que “al segundo día, nos percatamos que mi padre tenía el brazo morado, con hematomas y edemas. Ese mismo día el cardiólogo de turno me refiere que no se le daría prioridad a la operación cardiaca, dando como justificación lo estable que se encontraba mi padre, puesto que no veían preocupantes complicaciones, a pesar de que había sufrido una vez más dolor en el pecho que indicaba por lógica un reciente pre-infarto. Situación que nunca le encontré sentido. Al tercer día mi padre tenía visiblemente empeorada su lesión en el brazo. La inflamación ya estaba en todo su brazo, al extremo de que ya no poder mover ni sentir su extremidad. Ante esta negligencia me acerco al mesón de atención pidiendo explicaciones del estado mi padre, dándome como respuesta que se le realizaría un tac en su brazo”.
Díaz, sostiene que “al presenciar lo que estaba ocurriendo subí al cuarto piso área jurídica. Al llegar pedí explicaciones y que intervinieran en lo que estaba ocurriendo pues claramente eran malas prácticas y procedimientos que estaban matando a mi padre, lastimosamente nadie fue capaz de dar la cara ni explicar pues según la recepcionista no había nadie que pudiera escucharme. Ante esto me pide mi número de teléfono para contactarse conmigo ese mismo día, pero nunca lo hicieron. Entonces regresé donde mi padre, ahí el cardio-neurucirujano me dice que mi padre tenía un nervio sumamente dañado y hemorragias internas en su brazo, por lo cual debía ser intervenido de urgencia. Puesto existía la tragedia de que perdiera su brazo, a lo cual no fueron capaces de asumir ni reconocer que aquel procedimiento había sido la causa de todo el daño en mi padre. Mi padre debía entrar a pabellón únicamente para ser operado del corazón, no para tapar o remediar una mala práctica y negligencia médica efectuada por un médico asesino he incompetente. Después de la horrible cirugía, pues le abrieron el brazo desde por completo. Ya de regreso a su cama mi padre amado me dice que no sentía su brazo, y a las 21:00 horas mi padre fallece por un infarto al corazón provocado y gatillado por dicha operación que nunca debió realizarse”.
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