Rodolfo Castro: “El sistema previsional, su fragilidad ética y realista”

Rodolfo Castro: “El sistema previsional, su fragilidad ética y realista”
Rodolfo Castro Morales, ingeniero comercial.

Se puede aseverar que existen limitaciones de las propensiones a ahorrar, dada la crisis que viven sectores sociales bajos y medios, que no solo se agravan por la coyuntura económica en pandemia y pospandemia, sino que estructuralmente asoman sus falencias en torno a la calidad de los empleos, la rotación y movilidad, en cuyas elasticidades asoman los monopsonios en la contratación de mano de obra, pero también las dificultades para enfrentar productividades marginales que hoy están sujetas al menor impulso que tienen en general las áreas industriales nacionales, que van adoptando muy lentamente nueva tecnología.


Por Rodolfo Castro Morales ( ingeniero comercial y MBA en IEDE Business School )


                                En el trasfondo de la crisis previsional, el escaso realismo y sentido común para entender la problemática en que viven muchos pensionados, se suman a la discrecionalidad administrativa y arbitrariedad que ponen en tela de juicio la misión de las AFPs, pues la miopía ante la incapacidad de asegurar pensiones dignas bajo el principio de la seguridad social, están basadas en decisiones exógenas de empleadores que defienden intereses corporativos a expensas de sueldos de subsistencia.

Por cierto que, la capacidad de ahorro de los trabajadores se ve afectada, pero además deja entrever una gran inconsistencia respecto de las características de nuestro sistema laboral, que se explica por empleos de escaso valor y poder negociador, que emanan de una cadena productiva erosionada. Derivado de lo anterior, se evidencia una incipiente competencia que carece de incentivos y permite la concentración de la riqueza, por cuanto es parte de una industria que posee altas barreras a las entradas y por ende utilidades sobrenormales. 

Todo lo expuesto, impide la generación de nuevos ingresos, que en definitiva constituyen el motor de desarrollo de este modelo de pensiones, que apuntan a premiar acotados márgenes de exposición al riesgo, derivado a mediocres rendimientos de las inversiones y ponderado por índices de precios accionarios con una volatilidad hacia niveles mínimos. Realidad que es contradictoria con la filosofía o razón de ser de este modelo de negocio, el que inspira a las entidades previsionales a maximizar sus altas utilidades, siendo su motor de desarrollo los altos input provenientes de rentas del sector financiero, bursátil, y bonos de deuda pública, con una alta protección regulatoria, escasa información hacia los cotizantes o ahorrantes, y muchas pensiones en la línea de la pobreza.

Se puede aseverar que existen limitaciones de las propensiones a ahorrar, dada la crisis que viven sectores sociales bajos y medios, que no solo se agravan por la coyuntura económica en pandemia y pospandemia, sino que estructuralmente asoman sus falencias en torno a la calidad de los empleos, la rotación y movilidad, en cuyas elasticidades asoman los monopsonios en la contratación de mano de obra, pero también las dificultades para enfrentar productividades marginales que hoy están sujetas al menor impulso que tienen en general las áreas industriales nacionales, que van adoptando muy lentamente nueva tecnología.

En este esquema, la falta de visión del modelo de pensiones radica en que aún existe una pugna de intereses muy disociadores, que tienden a agudizarse e impiden una respuesta ética frente a los ingresos mínimos de sus trabajadores, los cuales hoy son determinados a nivel de la política pública, donde también su transformación en la perspectiva de la modernidad sustentable socialmente, aún presenta un conflicto de intereses entre altos y menores poderes de negociación, siendo relevante este desencuentro en estructuras económicas muy concentradas de naturaleza monopsónica.

Un ejemplo de la irracionalidad de este modelo de pensiones, es que los argumentos de muchos no valoran como funciona la ética del mismo, ya que es coercitiva con el consumo autónomo a través de ingresos no disponibles, es decir, acá las familias deben sacrificar sus ahorros acumulados, o bien, liquidar activos de toda la vida, con una fuerte componente emocional para enfrentar consumo presente o el financiamiento de deudas. Por ello, obliga a posponer bienestar futuro para llevar el peso de una cruda cesantía, vejez o invalidez, traspasando la obligación de la protección social hacia las familias. Por lo mismo, este modelo provoca insolvencia económica de largo plazo y no garantiza la seguridad social que implica asistencia médica y garantía de ingresos.

Finalmente, es necesario recuperar la obligación ética del Estado en materia de pensiones con sentido de realismo y sustentabilidad; legado subsidiario que hasta hoy ha fracasado, y que exige hoy pensiones en el concepto amplio de la seguridad social, que propenda al bienestar social a través de la protección social, integrando el trabajo informal que crece fuertemente.

 

(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).