Yasna Cancino Rosson: reconectando con la gente
“Por eso, por más que la candidata haya bajado el puño, guardado la bandera de la hoz y el martillo y cambiado el discurso, en la memoria de los chilenos persiste el ruido de la violencia y del discurso extremo, ajeno al Chile real. En la memoria de la gente están las promesas incumplidas de ‘no más abusos’, que naufragó escandalosamente con el caso fundaciones. En la memoria de la gente está la falta de transparencia con que se manejó el caso Monsalve. En la memoria de la gente está la fracasada reconstrucción post incendios. Malamente el oficialismo puede pretender que la gente olvide esto. Malamente la candidata podrá recuperar la confianza de Chile. En este escenario, la oposición en su amplio espectro, tuvo la virtud de reconectar con la gente. Particularmente, José Antonio Kast, se erigió como el pionero o precursor de estas banderas y lo hizo simplemente apelando al sentido común. Puso de relieve la importancia del control migratorio. De restablecer el derecho a caminar tranquilo, sin miedo a ser asaltado. De recuperar la libertad a escoger el colegio de tus hijos. De restituir el derecho a la salud, con apoyo del vilipendiado sector privado. Suma y sigue”, comenta en columna para el Diario Digital Séptima Página Noticias la abogada y magister en Derecho
Por Yasna Cancino Rosson (abogada y magister en Derecho)
En el tiempo intermedio, entre la primera y segunda vuelta presidencial, vale la pena hacer una pausa para reflexionar sobre el mensaje que envía la ciudadanía a través de las urnas.
La sorpresa fue doble. La primera –y no tan sorpresa- la masiva votación obtenida por la oposición (Partido de la Gente, Chilevamos, Republicanos, Social Cristianos y Libertarios). La otra, que el PDG se posicionara en el tercer lugar.
Ante esto, es importante centrarse en las ideas matrices de las banderas levantadas por la oposición: seguridad, inmigración, crecimiento, empleo, listas de espera, educación. Ni más ni menos que los grandes problemas de siempre. Por eso, los votos confluyeron en candidatos que proponen, sin complejos, medidas para controlar la inmigración, combatir la delincuencia, atraer inversiones, crear empleos.
Estos temas, claramente, no formaban parte de la agenda inicial del gobierno.
Ironía mediante, la antes vapuleada ‘zanja’, hoy genera simpatía y apoyo mayoritario. Hoy los corazones de la sociedad son conquistados por quienes ofrecen mano dura contra la delincuencia y apoyo a Carabineros. Hoy volvimos a preocuparnos por la creación de empleos, porque dejen de acumularse chilenos en las listas de espera. Hoy aspiramos a volver a elegir el colegio de nuestros hijos y terminar con la famosa ´tómbola´.
La falta de sintonía con tales propuestas es la clave de la magra votación de la candidata oficialista, por debajo incluso del apoyo del gobierno que representa: En los oídos de la ciudadanía aun retumban los gritos del estallido social, cuando la izquierda extrema pedía refundarlo todo, mientras romantizaban la violencia y marchaban orgullosamente con el puño en alto.
Por eso, por más que la candidata haya bajado el puño, guardado la bandera de la hoz y el martillo y cambiado el discurso, en la memoria de los chilenos persiste el ruido de la violencia y del discurso extremo, ajeno al Chile real. En la memoria de la gente están las promesas incumplidas de ‘no más abusos’, que naufragó escandalosamente con el caso fundaciones. En la memoria de la gente está la falta de transparencia con que se manejó el caso Monsalve. En la memoria de la gente está la fracasada reconstrucción post incendios.
Malamente el oficialismo puede pretender que la gente olvide esto. Malamente la candidata podrá recuperar la confianza de Chile.
En este escenario, la oposición en su amplio espectro, tuvo la virtud de reconectar con la gente. Particularmente, José Antonio Kast, se erigió como el pionero o precursor de estas banderas y lo hizo simplemente apelando al sentido común. Puso de relieve la importancia del control migratorio. De restablecer el derecho a caminar tranquilo, sin miedo a ser asaltado. De recuperar la libertad a escoger el colegio de tus hijos. De restituir el derecho a la salud, con apoyo del vilipendiado sector privado. Suma y sigue.
La gracia de todo, es que tales propuestas no son exclusivas y excluyentes del partido Republicano, ni de la derecha. Estas propuestas grafican el sentir de una gran mayoría del país, que no se siente atada por barreras ideológicas. Que, pudo haber votado A o Z, pero al final del día, toma sus decisiones según los problemas concretos que enfrenta. Que no solo quiere llegar a fin de mes, sino que en su mente y corazón aspira a un mañana donde su país sea seguro y próspero. Justo como reza nuestro himno nacional: “te promete futuro esplendor”.
Dicho lo anterior, calificar la propuesta Kast de “extrema derecha”, resulta tan inútil como tapar el sol con un dedo. A estas alturas, la gente simplemente está dispuesta a apoyar a quien demuestre mayor compromiso con trabajar por los problemas transversales, esos que afectan a todos.
En tal sentido, en esta presidencial, el candidato que presenta mayor trayectoria, solidez y coherencia con tales propuestas es José Antonio Kast.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura del Diario Digital Séptima Página Noticias).