¿Menos nacimientos? La baja natalidad no reduce la necesidad de la Matronería en Chile
Por Daniela Andrade Rebolledo (directora de la Carrera de Obstetricia y Puericultura de la Universidad Autónoma de Chile, sede Talca)
Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Chile está experimentando una profunda transformación demográfica. Durante 2025 nacieron 146.446 personas, un 46,9% menos que en 1993 y por primera vez, la tasa global de fecundidad se ubicó bajo un hijo por mujer, alcanzando 0,99. Además, la edad media de la fecundidad aumentó desde los 27 años en 1993 hasta los 30 años en 2025.
Estas cifras inevitablemente interpelan a una profesión estrechamente vinculada, desde sus orígenes, al nacimiento: la Matronería. Sin embargo, concluir que menos nacimientos implican una menor necesidad de matronas y matrones en nuestro país constituye una lectura limitada del fenómeno. Lo que está cambiando no es la relevancia de la profesión, sino las necesidades de salud de la población a las que debemos responder y, con ello, la manera en que debemos proyectar y fortalecer el cuidado de las personas.
La baja natalidad no significa que desaparezca la maternidad ni, mucho menos, la necesidad de generar espacios de acompañamiento respetuoso durante la gestación, el nacimiento y puerperio. Por el contrario, en un escenario donde los nacimientos son menos frecuentes, cada gestación adquiere una especial relevancia sanitaria, familiar y social. Esto exige mantener una atención prenatal de calidad, acompañar procesos reproductivos cada vez más complejos y continuar contribuyendo a una maternidad segura, respetada y centrada en las personas.
Al mismo tiempo, la disminución de la fecundidad ocurre en un contexto marcado por la postergación de la maternidad, lo que requerirá una atención capaz de responder a las dificultades reproductivas que pueden presentarse a edades más avanzadas.
Las últimas estimaciones y proyecciones de población del INE, elaboradas con base en el Censo 2024, anticipan que Chile alcanzaría su máximo poblacional a mediados de la próxima década y que, a partir de 2036, comenzaría una disminución progresiva de su población, en un contexto marcado por la caída de la fecundidad y el acelerado envejecimiento demográfico. Frente a este escenario, la pregunta no debería ser cuántos nacimientos habrá para justificar la existencia de la Matronería, sino cuáles serán las necesidades de salud sexual y reproductiva de la población chilena durante las próximas décadas.
Una población que envejece requerirá fortalecer considerablemente la atención durante el climaterio, atención ginecológica preventiva, prevención y detección oportuna de cánceres ginecológicos e infecciones de transmisión sexual, así como el abordaje de diversas problemáticas y necesidades vinculadas con la salud sexual y reproductiva. En todos estos ámbitos, la Matronería continuará desempeñando un rol fundamental a lo largo del curso de vida.
Las universidades tenemos una responsabilidad particularmente importante frente a esta transformación. Los currículos deben anticipar el país en el que nuestros futuros matrones y matronas ejercerán durante los próximos 30 o 40 años, fortaleciendo competencias que permitan responder a nuevos perfiles demográficos, epidemiológicos y sociales.
En este mes, en que conmemoramos el Día de la Matrona y el Matrón, honrando 192 años de historia de la profesión en Chile, se abre también una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrenta nuestra profesión y sobre la responsabilidad de proyectarla hacia las nuevas necesidades de salud de la población.