Raúl Espinoza Ríos: no es culpa de las calles angostas, es nuestra decisión de como hacer ciudad

Raúl Espinoza Ríos: no es culpa de las calles angostas, es nuestra decisión de como hacer ciudad
Raúl Espinoza Ríos.

"Todas las mañanas y cada tarde, y por supuesto, también en la hora de almuerzo, el centro de Linares se convierte en un monumento al absurdo. No entiendo cómo seguimos repitiendo el mismo guion: autos varados, doble filas de estacionamiento, autos en veredas, bocinas, humo, y valiosos minutos que se pierden para siempre mientras miramos el parachoques del auto de adelante…Y lo peor es que hemos naturalizado esta locura. Escucho a las autoridades decir, una y otra vez, que 'las calles son angostas'. Como si esa fuera la explicación. Como si el ancho de las veredas y las calzadas fuera un designio divino contra el que nada podemos hacer. Pero no, no es culpa de las calles angostas. Es culpa de la forma en que decidimos movernos. Es culpa de una ciudad que ha priorizado, durante décadas, el espacio para el auto particular por sobre cualquier otra opción", comenta el dirigente vecinal y de Ciclistas Urbanos de Linares


Por Raúl Espinoza Ríos (dirigente vecinal de la Villa Pablo Neruda y fundador de Ciclistas Urbanos Linares)
                                                 Todas las mañanas y cada tarde, y por supuesto, también en la hora de almuerzo, el centro de Linares se convierte en un monumento al absurdo. No entiendo cómo seguimos repitiendo el mismo guion: autos varados, doble filas de estacionamiento, autos en veredas, bocinas, humo, y valiosos minutos que se pierden para siempre mientras miramos el parachoques del auto de adelante…
Y lo peor es que hemos naturalizado esta locura. Escucho a las autoridades decir, una y otra vez, que "las calles son angostas". Como si esa fuera la explicación. Como si el ancho de las veredas y las calzadas fuera un designio divino contra el que nada podemos hacer. Pero no, no es culpa de las calles angostas. Es culpa de la forma en que decidimos movernos. Es culpa de una ciudad que ha priorizado, durante décadas, el espacio para el auto particular por sobre cualquier otra opción.
El auto como jaula de oro
Hay quienes defienden el automóvil como sinónimo de estatus, de libertad, de progreso. A esta altura los aprendí a entender, porque durante años lo escuché atentamente. Pero esa supuesta libertad se esfuma llegando al primer taco. Y cuidado: cuando uno está metido en un embotellamiento, uno no es víctima del taco: uno es el taco. Esa carga, esa contradicción, es la que muchos automovilistas llevan a cuestas sin querer reconocerla, y es obvio, a nadie le gusta reconocer estar equivocado y más difícil aún cambiar sus hábitos.
El problema no es que las calles sean angostas. El problema es que hemos llenado de autos una ciudad que tiene la forma y el tamaño perfecto para la bicicleta y el buen transporte público. Linares es compacta, tiene una topografía que favorece el pedalear. De hecho, la Encuesta Origen-Destino nos dice que 1 de cada 10 viajes ya se hace en bicicleta (o un poco más), una cifra histórica promedio del 13%, altísima para los estándares chilenos. Y su uso es transversal: dueñas de casa que van al centro, jóvenes estudiantes, adultos mayores.
Entonces, ¿por qué seguimos insistiendo en el auto? Porque nos hemos negado a construir una verdadera cultura de movilidad.
El transporte público: el gran ausente
Y aquí toca hablar del elefante en la sala: el transporte público. Porque si la bicicleta no es para todos, la micro debería ser la alternativa. Pero ¿qué transporte público tenemos en Linares? Recorridos que son un misterio, frecuencias que parecen lotería, ninguna transparencia. Los empresarios dicen que ciertos recorridos "no son rentables". Pero el transporte público no es un negocio cualquiera: es un servicio social, un derecho y una necesidad básica. No puede depender de la lógica del mercado nomás.
Necesitamos un sistema de micros eficiente, con recorridos claros, frecuencias reales y con buses eléctricos. Pero para eso se necesita voluntad política y, sobre todo, dejar de pensar la ciudad para el auto y empezar a pensarla para las personas.
El Plan Maestro: una oportunidad que no podemos dejar pasar
Hay un rayo de esperanza: el Plan Maestro de Transporte Urbano que está desarrollando el Programa SECTRA del Ministerio de Transportes. Este plan, que nace de un diagnóstico profundo iniciado en 2019 con la Encuesta Origen-Destino, reconoce una señal de alarma: el 41,9% de los viajes en Linares ya se realizan en automóvil. Eso no es sustentable, no es humano, no es ciudad.
La cartera de proyectos es ambiciosa: pistas solo bus, semaforización inteligente, red de ciclovías, área peatonal priorizada en el centro. Pero ha pasado demasiado tiempo desde 2019. Llevamos años esperando, años viendo cómo el centro se ahoga mientras los recursos no llegan, mientras los políticos no se atreven a mover las fichas. ¿Qué más se necesita para actuar? ¿Un colapso total?
Prioridades que no engañan: la ausencia de una oficina de movilidad
Y si hablamos de falta de voluntad, hay un ejemplo que me parece el colmo de las prioridades mal puestas. En 2017, una mesa ciudadana de tránsito y movilidad sustentable solicitó formalmente al municipio la creación de una Oficina de Movilidad Sustentable. Un espacio institucional que se encargara de planificar, coordinar y dar seguimiento a políticas de transporte público, ciclovías, peatonalización y reducción del auto particular. Era una petición lógica, necesaria y con respaldo ciudadano. 
Pasaron los años. Llegamos a 2026. ¿Y qué encontramos? Que el municipio ha sido capaz de priorizar, por ejemplo, la creación de una Oficina de Asuntos Religiosos o una media luna, pero no hemos sido capaces de tener un departamento encargado de la movilidad sustentable ni del transporte público. ¿En qué tipo de ciudad nos estamos convirtiendo? ¿Dónde quedó la urgencia de quienes pierden horas en tacos, respirando smog o los que arriesgamos la vida en bicicleta? No es que no haya recursos: es que las prioridades institucionales están completamente desviadas. Mientras se destinan esfuerzos a temas que, con todo respeto, no resuelven el caos diario, la movilidad sigue siendo un problema de segunda categoría para quienes toman las decisiones.
Forma de hacer ciudad
Porque esto, al final, es una discusión sobre cómo queremos hacer ciudad. ¿Queremos una ciudad para el auto, ruidosa, contaminada, estresante, donde perdemos la vida en tacos?
 ¿O queremos una ciudad para las personas, donde podamos movernos en bici sin miedo, donde las micros pasen con frecuencia y donde el centro sea un lugar para encontrarse, no para huir?
Yo creo que Linares merece ser esa segunda ciudad. Pero para eso necesitamos un cambio cultural. Y sé que es difícil. Lleva años, generaciones. Pero tenemos que empezar. Exigir la implementación oportuna, rápida, acelerada de este Plan Maestro. Exigir también que el municipio cree de una vez esa Oficina de Movilidad Sustentable que nos deben desde 2017. Dejar de excusarnos en el ancho de las calles y empezar a cuestionarnos nuestras propias decisiones como ciudadanos y como autoridades.
La primavera como invitación al cambio
Y qué mejor momento para empezar que ahora, cuando el invierno aún no se va del todo pero ya sentimos que la primavera se asoma. Esa estación mágica en que Linares se llena de colores, los árboles florecen y el aire se vuelve más liviano. Es el momento perfecto para redescubrir la ciudad desde otra perspectiva: caminando, subiéndonos a una bicicleta, animándonos con un scooter o hasta una patineta. No se necesita más que ganas y un poco de valor para cambiar hábitos que ya nos tienen hartos. La primavera nos invita a soltar el volante y recuperar el ritmo pausado, el contacto con el barrio, con la gente. Aprovechemos ese impulso natural para dar el primer paso.
La crisis como oportunidad
Sé que estos cambios no son políticamente rentables. Que quitar espacio al auto, poner pistas solo bus o priorizar ciclovías puede significar pérdida de votos para algunos. Pero, francamente, ¿qué tienen que perder hoy las autoridades al impulsar esto? ¿Qué más da si en el corto plazo incomoda? Porque en cinco años más, si este plan se implementa, la ciudad entera estará agradecida. Las generaciones futuras recordarán a quienes tuvieron el coraje de hacer los cambios difíciles cuando aún era posible.
Mientras tanto, nosotros, como ciudadanos, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Podemos empezar hoy: caminar más, andar en bicicleta, dejar el auto en casa, compartir el vehículo con vecinos, usar el transporte público cuando sea posible. Cada viaje que no hacemos en auto es un respiro para el centro, un paso hacia una ciudad más amable.
No se trata de demonizar al automovilista, sino de invitar a sumarse a otras formas de moverse que no contaminan, que son más amigables, que nos devuelven el tiempo y la salud. Porque al final, el cambio no lo harán solos los políticos: lo haremos todos juntos, desde nuestras decisiones cotidianas y desde nuestra exigencia colectiva.
Hagamos de esta crisis una solución para nuestro pueblo. Linares tiene la oportunidad de ser un modelo de movilidad sustentable para el Maule, Chile y el mundo. Los datos están, la voluntad ciudadana también. Lo que falta es decisión. Y yo, desde mi bicicleta, desde mi barrio, desde esta columna, les digo: no podemos esperar más. Pero no desde el miedo, sino desde la convicción de que otra ciudad es posible y que depende de nosotros construirla. Pedaleemos, caminemos, compartamos, exijamos. El futuro comienza hoy.

(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).