Linares en sus 232 años: una ciudad con historia, pero atrapada entre el estancamiento y la propaganda municipal

Linares en sus 232 años: una ciudad con historia, pero atrapada entre el estancamiento y la propaganda municipal
Lenin Fuentes Barros, concejal por la Municipalidad de Linares.

"La sensación de abandono en numerosos sectores poblacionales continúa siendo evidente. Calles deterioradas, barrios sin áreas verdes dignas, problemas de iluminación, inseguridad y falta de oportunidades laborales son parte de una realidad que no logra ocultarse con inauguraciones o campañas comunicacionales permanentes. A ello se suma un problema aún más profundo: la ausencia de una estrategia real de desarrollo económico comunal. Linares sigue siendo una ciudad con enormes dificultades para generar empleo estable y oportunidades para los jóvenes profesionales y técnicos. Muchos deben emigrar hacia otras ciudades por la falta de alternativas laborales, mientras el comercio local enfrenta crisis recurrentes y el centro de la ciudad pierde dinamismo año tras año. La administración de Mario Meza también ha estado marcada por controversias políticas y judiciales. Su reelección en 2024 ocurrió en medio de cuestionamientos por investigaciones relacionadas con presunto fraude al fisco y compras municipales observadas por organismos fiscalizadores. Si bien, gano las elecciones con sobre el 40 por ciento de las preferencias, esto no elimina la obligación ética y política de transparencia, probidad y rendición de cuentas permanentes en el uso de recursos públicos", sostiene el concejal del PC, Lenin Fuentes Barros


Por Lenin Fuentes Barros (trabajador social y concejal por la Municipalidad de Linares)

           Este 23 de mayo, Linares conmemoró sus 232 años desde su fundación como la Villa de San Ambrosio de Linares, ocurrida en 1794. Una ciudad marcada por la historia republicana, por la fuerza del mundo campesino y por una identidad profundamente ligada al esfuerzo de su gente. Sin embargo, este nuevo aniversario no sólo debe ser una ocasión para los discursos oficiales y las ceremonias protocolares; también debe ser una oportunidad para realizar una evaluación crítica del presente y del rumbo que ha tomado la comuna durante la última década bajo la administración del alcalde Mario Meza.

La historia de Linares merece mucho más que eslóganes comunicacionales. Merece una ciudad planificada, inclusiva, moderna y capaz de responder a las necesidades reales de sus habitantes.

Durante los últimos años, la administración municipal ha insistido en instalar la idea de que Linares “cambió su rostro” y avanzó hacia el desarrollo. El propio alcalde ha señalado públicamente que la ciudad fue proyectada “al futuro con identidad, dignidad y desarrollo”. Sin embargo, detrás de esa narrativa existen problemas estructurales que siguen golpeando diariamente a miles de familias linarenses.

La sensación de abandono en numerosos sectores poblacionales continúa siendo evidente. Calles deterioradas, barrios sin áreas verdes dignas, problemas de iluminación, inseguridad y falta de oportunidades laborales son parte de una realidad que no logra ocultarse con inauguraciones o campañas comunicacionales permanentes.

A ello se suma un problema aún más profundo: la ausencia de una estrategia real de desarrollo económico comunal. Linares sigue siendo una ciudad con enormes dificultades para generar empleo estable y oportunidades para los jóvenes profesionales y técnicos. Muchos deben emigrar hacia otras ciudades por la falta de alternativas laborales, mientras el comercio local enfrenta crisis recurrentes y el centro de la ciudad pierde dinamismo año tras año.

La situación del transporte, la congestión vial y el deterioro urbano también reflejan una ciudad que creció sin una planificación suficiente. Proyectos anunciados durante años avanzan lentamente o permanecen entrampados, mientras sectores rurales siguen esperando mejores caminos, conectividad y acceso equitativo a servicios básicos.

La administración de Mario Meza también ha estado marcada por controversias políticas y judiciales. Su reelección en 2024 ocurrió en medio de cuestionamientos por investigaciones relacionadas con presunto fraude al fisco y compras municipales observadas por organismos fiscalizadores. Si bien, ganó las elecciones con sobre el 40 por ciento de las preferencias, esto no elimina la obligación ética y política de transparencia, probidad y rendición de cuentas permanentes en el uso de recursos públicos.

Ha esta altura del tiempo y transcurrido 232 años de la fundación de Linares, resulta legítimo preguntarse si una gestión municipal puede sostenerse principalmente sobre el marketing político y la concentración comunicacional, mientras persisten problemas de fondo que afectan la calidad de vida de la ciudadanía.

Porque una ciudad no avanza sólo con plazas remodeladas o eventos masivos. Una ciudad avanza cuando mejora efectivamente la vida de sus habitantes; cuando existen oportunidades reales; cuando los barrios son seguros; cuando la salud primaria funciona dignamente; cuando el deporte, la cultura y la participación social son fortalecidos más allá de la fotografía oficial.

En estos 232 años, Linares ha sobrevivido terremotos, inundaciones, pobreza y abandono estatal. Su mayor riqueza nunca ha sido una administración de turno, sino su gente: trabajadores, profesores, agricultores, comerciantes, estudiantes, dirigentes sociales y adultos mayores que sostienen diariamente la vida comunitaria.

Por eso, este aniversario debe ser también un momento de reflexión colectiva. Linares necesita recuperar una mirada de futuro construida con participación ciudadana y no únicamente desde el municipio. Requiere planificación urbana seria, descentralización de las decisiones, fortalecimiento del tejido social y una visión de desarrollo que no dependa exclusivamente de liderazgos personalistas.

La ciudad tiene potencial enorme: patrimonio cultural, tradición agrícola, ubicación estratégica y capital humano. Pero ese potencial no puede seguir administrándose desde la lógica electoral permanente ni desde la autocomplacencia.

A 232 años de su fundación, el desafío sigue siendo el mismo: construir una ciudad más justa, moderna y digna para quienes la habitan. Una ciudad donde el progreso no sea un relato publicitario, sino una realidad concreta para todos y todas.

(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).