Carla Alegría Vásquez: el elefante blanco

Carla Alegría Vásquez: el elefante blanco
El elefante blanco: mega hospital en el área poniente de Linares.

"Desde un inicio —y creo que esa entrevista todavía debe andar dando vueltas por ahí— dije, y sigo diciendo, que este hospital permitirá que especialistas lleguen a atender a un recinto de primer nivel. Pero también es verdad que Linares y su entorno necesitan crecer mucho más en oferta y servicios. Quienes deciden hacerse cargo de una de las partes más duras de la vida —la enfermedad, los accidentes, la muerte— suelen tener expectativas altas, y también gustos más costosos. Si no encuentran barrios seguros para vivir, colegios para sus hijos, universidades, comercio, espacios de recreación, aventura o incluso cierta vida urbana, simplemente se van. O se van a Dubái, o pasan de pasantía en pasantía para no tener que devolver las becas que el Estado les entregó", comenta sobre la postergada construcción del hospital de Linares, la cientista política en su habitual columna de los días domingo en el Diario Digital Séptima Página Noticias


Por Carla Alegría Vásquez (cientista política)
        No tengo idea de dónde salió el apodo de “elefante blanco” para el hospital de Linares. Lo que sí sé es que la primera vez que lo visité, el año pasado, quedé impactada por la inmensidad del lugar.
De elefante no tiene nada; más bien parece un crucero. No sé si será porque aún no está terminado, pero la sensación que me dejó fue la de estar frente a un recinto incluso más grande que el Hospital de Talca. Y los números lo confirman: Talca tiene 85.000 m², mientras que el de Linares alcanzará los 94.000 m² una vez finalizado.
Desde el cerro Gúmera se ve perfectamente. Hoy, a la distancia, parece una estructura inconclusa, como esas que armábamos en el colegio con palitos de fósforo: grandes, frágiles a la vista, esperando cobrar sentido. Pero, siendo justos, el proyecto en sí es impresionante. De alto estándar. Lo lamentable no es el hospital, sino la forma en que se ha llevado adelante el proceso, muy distinta a la experiencia de Curicó —mal llamado su “gemelo”—, que es más pequeño y se construyó bajo otra modalidad de compra de servicios.

Desde un inicio —y creo que esa entrevista todavía debe andar dando vueltas por ahí— dije, y sigo diciendo, que este hospital permitirá que especialistas lleguen a atender a un recinto de primer nivel. Pero también es verdad que Linares y su entorno necesitan crecer mucho más en oferta y servicios. Quienes deciden hacerse cargo de una de las partes más duras de la vida —la enfermedad, los accidentes, la muerte— suelen tener expectativas altas, y también gustos más costosos. Si no encuentran barrios seguros para vivir, colegios para sus hijos, universidades, comercio, espacios de recreación, aventura o incluso cierta vida urbana, simplemente se van. O se van a Dubái, o pasan de pasantía en pasantía para no tener que devolver las becas que el Estado les entregó.

Por eso, sigo siendo una de las personas que criticará con fuerza a quienes entregan información falsa. A autoridades, incluso, que en conversaciones internas han llegado a mencionar que este es un proyecto que habría que derrumbar para comenzar de nuevo. Claro, como la plata no es de ellos. El Servicio de Salud del Maule estaba a la espera del pronunciamiento de Contraloría; este ya llegó, y ahora corresponde esperar el sumario. Sin ese paso, las cinco empresas que —según los propios técnicos del proyecto— han manifestado interés en retomarlo, deberán seguir esperando. Al igual que todos nosotros.
En lo personal, seguiré esperando también la oportunidad de aportar desde el desarrollo organizacional, algo que me encantaría trabajar con los funcionarios actuales y, ojalá, hacerlo en este edificio increíble, para entregar aún más dignidad a quienes llegan buscando auxilio. El año pasado fui paciente, con Copago Cero, y la experiencia fue una verdadera maravilla. Sí, el edificio actual está viejo. Sí, el personal está cansado y estresado por la sobrecarga. Pero quienes hemos sido pacientes sabemos que el agradecimiento es eterno. Yo, al menos, recuerdo cada rostro que estuvo presente en momentos difíciles. Por eso defiendo a quienes aman su trabajo y esperan que sus autoridades hagan bien el suyo, para que —ojalá— en cuatro años más puedan cambiarse a ese nuevo hospital.
Para cerrar, no puedo dejar de mencionar otro proyecto que hoy también genera preguntas: el CESFAM Óscar Bonilla de Linares. Su entrega estaba prevista para noviembre del año pasado; luego para marzo y ahora para mayo de este año. ¿Qué está pasando ahí? ¿Son problemas de infraestructura? ¿De financiamiento para su mantención, considerando su tamaño y tecnología? ¿Su dirección será definida por Alta Dirección Pública o seguirá respondiendo a lógicas de confianza?
Son preguntas legítimas. Porque más allá del llamado elefante blanco, y del cambio de recinto de estos establecimientos de salud, lo que está realmente en juego no es una obra, sino la salud, la dignidad y el futuro de Linares y de otras comunas de la provincia.
Si alguien maneja información concreta y verificable sobre estos procesos, siempre será bienvenida. La discusión pública se fortalece cuando se construye con datos, no con rumores.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).
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