La pregunta equivocada y la solución para idiotas: “La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”

La pregunta equivocada y la solución para idiotas: “La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”
Carla Alegría Vásquez, cientista política.

"No es coincidencia que justo ahora, a días de saber si Giorgio Benucci y sus socios ingresarán al SEA el documento que responde a las observaciones institucionales realizadas en abril, comience la campaña del terror: 'ah nooo… si hay basura en todos lados'. Como si la comunidad fuera ingenua, como si no entendiéramos que esa pregunta —¿dónde ponemos la basura?— es una trampa. El verdadero problema no es el “dónde”. Es el quién, el cómo y el por qué se sigue permitiendo que se generen millones de toneladas de residuos sin cuestionar el sistema que los produce ni quién se lucra de eso. Los municipios firman contratos millonarios —por trato directo o licitación— con empresas que pagan sueldos miserables, mientras sus dueños se enriquecen haciendo lobby para que los rellenos estén 'cerquita', porque 'sale más barato'. ¿Más barato para quién? ¿Quién paga la salud de los vecinos? ¿Quién paga por el agua contaminada? ¿Quién mide los gases y los olores que infestan el aire? ¿O acaso solo se mide lo que se quiere medir?", indica la cientista política, Carla Alegría Vásquez


Por Carla Alegría Vásquez (cientista política)
        Hace más de 13 años que distintas comunidades —como la nuestra— resisten la instalación de un relleno sanitario. Trece años diciendo no, gritando que no, escribiendo cartas, levantando pancartas, reuniéndose con autoridades que parecen sordas. Pero si no hay voluntad política real, ni en lo local ni en lo nacional, ¿qué posibilidad tenemos?
Este gobierno, como tantos otros, ha sido absolutamente indolente con el medioambiente. Palabras lindas, políticas vacías. Y mientras tanto, las decisiones se negocian entre lobbys empresariales y partidos políticos en salas donde lo ético hace mucho que dejó de entrar.
No es coincidencia que justo ahora, a días de saber si Giorgio Benucci y sus socios ingresarán al SEA el documento que responde a las observaciones institucionales realizadas en abril, comience la campaña del terror: “ah nooo… si hay basura en todos lados”. Como si la comunidad fuera ingenua, como si no entendiéramos que esa pregunta —¿dónde ponemos la basura?— es una trampa. El verdadero problema no es el “dónde”. Es el quién, el cómo y el por qué se sigue permitiendo que se generen millones de toneladas de residuos sin cuestionar el sistema que los produce ni quién se lucra de eso.
Los municipios firman contratos millonarios —por trato directo o licitación— con empresas.que pagan sueldos miserables, mientras sus dueños se enriquecen haciendo lobby para que los rellenos estén “cerquita”, porque “sale más barato”. ¿Más barato para quién? ¿Quién paga la salud de los vecinos? ¿Quién paga por el agua contaminada? ¿Quién mide los gases y los olores que infestan el aire? ¿O acaso solo se mide lo que se quiere medir?
“No hay basura en la naturaleza. El concepto de desperdicio es humano.” — Gunter Pauli, autor de La Economía Azul
No, no somos tontos. No queremos “rellenos sanitarios sustentables” al lado de nuestras casas. Queremos políticas públicas valientes, que fomenten la separación de residuos en origen, compostaje domiciliario, reducción del plástico, packaging responsable, y una legislación que deje de premiar al que contamina y castigar al que cuida.
También necesitamos un cambio cultural: menos compras innecesarias en Temu, menos.plástico en malls chinos, más conciencia en lo que consumimos y desechamos. Pero eso no basta si el Estado no regula. ¿De verdad cree usted que lograremos revertir el colapso climático solo con buena voluntad individual, si los sistemas están diseñados para premiar la inconsciencia?
“El mundo no será destruido por los que hacen el mal, sino por los que los miran sin hacer nada.” — Albert Einstein
No se trata solo de basura. Se trata del tipo de sociedad que permitimos que florezca. La indiferencia contamina más que cualquier residuo: pudre la esperanza, infecta las
decisiones, normaliza el abuso. Y lo más doloroso es ver que muchos de quienes promueven estos proyectos viven en casas hermosas, con huertas orgánicas y reciclaje en familia, mientras su modelo de negocios exporta veneno, miseria y destrucción a nuestras comunidades.
“Cuando nada importa, todo se vuelve desechable, incluso las personas.” — Adaptación libre de The Mandalorian
Aún no es tarde. Pero pronto lo será. La pregunta no es “¿dónde ponemos la basura?”. La verdadera pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a permitir que otros decidan qué basura se puede enterrar en nuestra tierra… y cuál en nuestra conciencia? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar líderes que subestiman nuestra inteligencia, que creen que
con frases vacías pueden convencernos de aceptar lo inaceptable?
Para quienes aún dudan o repiten discursos cómodos: tenemos pruebas en mano. Sabemos quiénes han hecho tratos con las empresas que lucran con la basura, aunque digan públicamente lo contrario. También conocemos el historial completo de los candidatos y candidatas en la zona. La basura no solo se huele… también se ve, se firma, se archiva. Y por eso hay que seguir resistiendo. Porque la comunidad —organizada, informada, valiente— tiene el poder real, digan lo que digan las autoridades de turno.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).