Eduardo de la Fuente Ceroni: el real problema de los EE.UU. con el cable China-Chile Express

Eduardo de la Fuente Ceroni: el real problema de los EE.UU. con el cable China-Chile Express

Por Eduardo de la Fuente Ceroni (ingeniero civil electricista PUC)

                                                                      Como dice el título, el real problema de los EE.UU. con el proyecto del cable submarino China-Chile Express se puede desglosar rápidamente en cuatro principales aspectos.

Estos son aspectos comerciales directos, geopolíticos, técnico-económicos y finalmente aspectos estratégicos.

A continuación se describirán en síntesis y sumariamente.

·         Aspectos comerciales directos:

Actualmente el tráfico de datos fluye entre cualquier parte de Chile y varios países de Sudamérica por cables que recorren toda la costa del Pacífico hasta California, desde allí cruzan el Pacífico Norte hacia Hawai, Asia y Japón.

Ese tráfico de datos son ingresos muy importantes para las empresas estadounidenses, mayoritariamente dueñas de los sistemas de cables que se utilizan.

Google planifica poner es servicio su cable Halaihai, que construye SubCom, e irá desde Valparaíso a Guam, territorio de los EEUU, recorriendo 17.500 kms; dicho cable lleva incorporado los dos pares de fibra de la primera parte del cable Humboldt chileno. Guam es un importante nodo del Central Pacific Cable Project activamente impulsado por los EE.UU.; pero visto desde Chile y parte de Sudamérica se requiere de otros cables desde Guam para alcanzar China y otros países asiáticos; es decir, no es una ruta directa hacia China.

La mayor parte del tráfico de datos se producirá entre Chile y China, por lo cual un cable directo entre estos dos países restará la mayor parte del tráfico al que aspira Google hacia el resto de los países asiáticos en un escenario de dos cables. En este escenario las empresas de cables con dueños estadounidenses que ahora se utilizan, y más adelante Google, verán una importante disminución en sus ingresos, todo eso con un gran impacto en sus modelos de negocio.

·         Aspectos geopolíticos:

Sin ser un especialista en esta materia, está claro que un cable submarino directo a China desde Sudamérica tiene efectos directos en las aspiraciones de los EE.UU. respecto de su área de influencia política económica en el Pacífico, en competencia con China y a futuro India, sobre lo que ha denominado su hemisferio occidental y que incluye a todas las Américas.

·         Aspectos técnico-económicos:

El retardo entre que se emite un dato y se recibe en el otro lado se denomina “latencia” y se mide en milisegundos. Esta latencia es muy importante en sistemas críticos y mucho más en acuerdos comerciales (trading), los que requieren realizar sus operaciones ojalá instantáneamente por las variaciones en tiempo real de los precios en el mercado global. Diversos estudios han cifrado el precio de un milisegundo en unos 100 millones de dólares anuales. Se estima que un cable directo a China podría tener unos 4 a 6 milisegundos menos de latencia que el sistema integrado cable Halailai y otro desde Guam a China; lo que finalmente generaría un ahorro de entre 400 y 600 millones de dólares anuales para el comercio entre Sudamérica y China.

·         Aspectos estratégicos:

El proyecto Central Pacific Cable es sin duda una iniciativa estratégica de los EE.UU. que busca impulsar sus propios intereses en el Pacífico y competir por influencias con China.

Todos los barcos que navegan por los distintos mares y océanos tienen lo que se conoce como “su firma acústica”, que se produce por dos tipos de ruidos: el de cavitación, creado por las burbujas de gas producidas por las hélices, y el hidrodinámico, creado por el desplazamiento del barco en el agua. La firma sonora de un barco es como nuestra huella digital, única.

Desde el punto de vista militar todas las grandes potencias mundiales tienen el registro de las firmas acústicas de los buques más importantes de sus potenciales enemigos, e incluso de sus pretendidos amigos. Estos datos acústicos incluyen a los submarinos los cuales son los navíos más difíciles de detectar, una vez sumergidos sólo se puede hacer buscando su firma acústica o por emisiones de radio esporádicas que no resultan tan precisas. En cambio, un buque en la superficie tiene múltiples formas de ser detectado además de su firma acústica.

Hace más de 40 años que la tecnología ha venido desarrollando sensores submarinos que permiten detectar la firma acústica de buques y submarinos, sensores que son capaces de cubrir grandes distancias gracias a las características de la propagación del sonido en el mar.

A la fecha, muchos de los cables submarinos donde gobiernos tienen injerencias han incorporado esta tecnología de detección estratégica, por lo que para los EEUU la sola posibilidad que se integren sensores al Cable China-Chile bajo el control chino constituye una clara amenaza estratégica.
(El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Séptima Página Noticias).